12) La aventura del Machu Picchu. Parte II (Aguas Calientes)

Llegamos sin novedad al tren que nos conduciría hacia Aguas Calientes, el llamado “Vistadome” debido a su techo acristalado para poder disfrutar de las vistas del camino, además, está catalogado como el tren que hace el recorrido a la mayor altitud del mundo.

La llegada fue espectacular. Aguas Calientes es una especie de mini núcleo urbano situado en un lugar muy inaccesible y lejano que se nutre del turismo, aunque ubicado en un entorno con una vegetación increíble. Cruzamos uno de sus 4 puentes atravesando el Río Ucayali, pero la magia se acabó de forma repentina al enterarnos en el punto de información que toda la gestión de las visitas al Machu Picchu había cambiado hacía escasamente 15 días. Además, nuestro boleto aparecía con una fecha posterior a la salida del tren de regreso a Cusco y que nos aseguraron que no podríamos acceder antes bajo ningún concepto. Para mayor decepción nos recordaron que estabamos en pleno centenario del descubrimiento del valle y que habría muchísima gente.

Para intentar que nuestros nervios se fueran calmando de alguna manera decidimos ir al hostel a dejar las cosas y hacer algún trekking por los alrededores. La idea era cansarnos lo más posible para evitar el cabreo acumulado por las nuevas noticias y atacar la cima del Machu a primera hora de la madrugada siguiente pasara lo que pasara, por algo nos autodenominamos “extrem”.

Nos recomendaron para este primer día en Aguas Calientes una ascensión de baja dificultad pero de bonitas vistas, el pico ‘’Putucusi’’, así que sin mayor conocimiento sobre este destino nos enfundamos nuestro equipo técnico de pateo (playeras, pantalón corto, agua y galletas oreo)  y partimos con fe hacia lo desconocido saltándonos alguna que otra advertencia del camino.

A medida que ascendíamos se notaba la altitud pero nuestra voluntad era grande. La cosa se complicó cuando encontramos el acceso al pico. Al verlo pensamos que tenía dos formas de entrada, pero por más que buscamos no la vimos, hasta que unos chicos locales nos confirmaron que “sólo había única manera de llegar’’, y era subiendo por una especie de vía ferrata en la que no existía ninguna forma de autoprotegerse tal y como entendemos este concepto en Europa (aquí la gente subía sin arnés ni disipadora). Les dejamos las imágenes para que juzguen ustedes mismos. ¡¡ Ufff  !!  



A medida que ganábamos altura más nos sorprendía la belleza del lugar. Finalmente llegamos a cumbre con la idea de disfrutar el momento y el lugar, pero cual fue nuestra sorpresa cuando al girar nuestras miradas hacia el horizonte apareció frente a nosotros y sin esperarlo el mismísimo Machu Picchu. El instante que pasó desde que lo vimos hasta que nuestro cerebro asimiló lo que estábamos viendo fue mágico. Nos invadió una alegría instantánea, sencillamente no teníamos palabras . . .

Estuvimos disfrutando del entorno una media hora hasta que decidimos bajar a sabiendas que la ferrata se nos cruzaría nuevamente en el camino, pero ya no había vuelta atrás. Sólo quedaba llegar al pueblo de nuevo, cenar y brindar por lo vivido. Esa noche tocaba madrugar para intentar ser los primeros en acceder al Machu Picchu e intentar colarnos el día que no era.







Ya veremos como llegamos . . .

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