15) Un paseo por Huaraz . . . tradición y día día en los Andes

Este último día en Huaraz intentamos exprimirlo al máximo haciendo algún trekking por algunos recorridos clásicos del lugar, como el de la "La Laguna 69". Un pateo que alcanzaba los 4.600 m. de altitud, pero el tiempo invertido superaba al que disponíamos para alcanzar el bus cama que nos llevaría hasta Pacasmayo al día siguiente, así que decidimos echar el día en la ciudad.

Callejear por Huaraz es un paseo que nadie debería perderse. Por un lado teníamos la zona de la Plaza de Armas, con sus tiendas y locales de comida y café, mientras que por otro se podía disfrutar del día a día en los Andes atravesando la Avenida San Martín. Caso especial de trabajos locales que nos causaron sorpresa eran los "tipeos". La gente que necesitaba tener documentos acudía a estos profesionales para redactarles el contenido necesario con una máquina de escribir.

 
Todo era pintoresco y llamativo, pero con un exquisito equilibrio entre la gente, los colores y la forma de vida. Una experiencia que aconsejamos a todos los que se pierdan por estas latitudes. Es difícil concretar las sensaciones vividas, así que dejamos que cada uno tenga las suyas . . .








Fue tanto lo que nos impactó el trajín que se respiraba en cada esquina que quisimos recrearlo con un vídeo. Aunque tenemos que decir que lo grabamos al estilo "cámara oculta" para evitar que la gente se sintiera invadida e incómoda. El respeto que sentimos en todo momento fue equiparable a las buenas vibraciones que estábamos recibiendo.

 Esperamos que lo disfruten, . . . nos vemos en Pacasmayo.


14) Llegar a Huaraz no fue tan sencillo

Estábamos dispuestos a enlazar de una tacada Cusco, Lima y Huaraz, pero ya sabemos que las intenciones siempre van por un costado y la realidad por otro.
Cuando hicimos el cheking en el aeropuerto de Cusco, el único peruano que hemos visto con cara de mala ostia se identificó en la mesa de facturación como agente de policía y que tenía un problema con el pasaporte de Antonio. La disculpa para meterlo en las oficinas del interior del aeropuerto fue que el documento era "demasiado nuevo" y debía hacer algunas comprobaciones.

Antonio entró sólo a las dependencias y no pudimos ver la escena, pero la cara de nuestro amiguito cuando salió era un poema. Le habían echo un interrogatorio en toda regla de aproximadamente media hora. Lo tragicómico fue cuando le hicieron sacar todo lo que llevaba en la mochila. En el momento en el que Anto sacó el magnesio que tenía para escalar los ojos del poli salieron de sus órbitas, inmediatamente se volvió a identificar como agente antidroga, le quitó la bolsa e hizo la prueba de la cocaína, y por más que Antonio le decía que era carbonato de magnesio (MgCO3 para los que fueron empollones en formulación) el susodicho agente imaginaba que había ejecutado la captura del siglo en Cusco, probablemente pensó que había trincado a uno de los miembros de la familia "Escobar" y en su imaginación estaba viendo como le ponían los galones del ascenso a sargento a través del canal nacional "Tele Perú".

Cuando el aparatito le dió negativo en droga le cambió la cara, la decepción sobre la posible captura del "Cartel Canario" fue evidente, y mientras Antonio volvía a colocar todo en su mochila el colega jugueteaba con el móvil diciéndole frases anodinas  como . . . "que móvil más moderno", "¿es el último modelo?", en definitiva, ahora nos reímos pero la situación fue bastante tensa. Lo gracioso es que al pasar el siguiente control en la zona de acceso al embarque volvieron a parar a Anto y de nuevo vaciar su mochila. Esto sólo parece un inconveniente pasajero, pero tras llegar a Lima, pasar 8 horas en el bus-cama, llegar a Huaraz y sentir el frío clásico de las zonas de montaña, nos dimos cuenta que en ese trajín de controles el plumífero había desaparecido.

Así que nuestra llegada a la montaña estuvo marcada por el cabreo de la desaparición del pluma y las continuas visitas a la comisaría local para denunciar el extravío e intentar recuperarlo. Tanto es así que nos aprendimos de memoria la frase del Jefe local que cuando llamaba a Cusco decía en un tono que hasta Bruce Willies envidiaría. . . ". . . eehh . . . hola hermano, le habla aquí el Técnico Manrique de la décimo tercera de aquí . . . de Huaraz, sabes algo de una casaca pluma que le han perdido a un español en un registro del aeropuerto de Cusco". Dentro de todo era gracioso escuchar como repetía todos los inicios de llamada de esta manera. Después de varios intentos nos invitó a que dejáramos el tema en sus manos y volviéramos en la tarde para darnos nueva información.

Al regresar por la tarde también nos sorprendió la forma en la que finiquitó el tema, ". . . estooo, hermano, . . . se cortó la comunicación con Cusco". Y aquí finalizaron nuestras esperanzas de recuperar tan necesaria prenda.

Cambiamos el chip, y después de una cerveza para celebrar la derrota (estando por acá hemos aprendido a celebrar todo), hicimos todas las gestiones para salir a primera hora del día siguiente al refugio de montaña del Hatun Machay con el fin de hacerle un "pegue" a las vías de escalada de la zona.

A la mañana siguiente salimos temprano, nos esperaban unas dos horas de ascensión en bus. El trayecto tocó a su fin y de repente nos encontramos en un entorno sorprendente, increíble, . . .  una especie de macizo se levantaba sobre un altiplano sobre los 4.000 m. de altitud y sin nieve, cosa curiosa a esta altura. Sólo la aproximación a la zona de escalada te ponía las pulsaciones a 200 por minuto.





 Las paredes tenían unas forma extrañamente caprichosas, a lo que se sumaba la presencia de unos petroglifos y pinturas pre incas en una zona protegida que se encontraba de camino a las vías de escalada.


Pasados los momentos de flipe inicial comenzamos la actividad. Como era lógico Antonio escalaba y abría las vías y Heri y Mollo hacían lo que podían.


Atacamos nuestra vía, un "quinto +" situado a 4.200 m. A Heri y a Mollo no se les olvidará nunca su record de escalada en altura, y el nombre de dicha vía se quedará para siempre grabado en nuestra memoria "Luzmilla need poronga". Sencillamente emocionante, sobre todo porque tras rapelar tuvimos la sensación de que habíamos encadenado un "6c" picando a "7a".

Como era de esperar el esfuerzo que hicimos fue tan grande que dejamos que Antonio atacara todo lo que pudiese. Se ventiló vías muy guapas, así que, como siempre, les dejamos las imágenes del maestro:





















Todo el esfuerzo desplegado requería de una carga energética importante, así que qué mejor lugar para hacerlo que en este paraje.

 



 

Llegó el final del día, el sol empezaba a desaparecer y la altura se notaba en el descenso de la temperatura. Después de la despedida a los guardas del refugio, la espera del bus pirata nos regaló una última imagen que quedaría grabada en nuestra retina tras una inolvidable jornada de escalada tan singular . . .



 

Al día siguiente nos tocaba paseo por las calles de Huaraz y preparar la salida hacia Pacasmayo, el "Windguru" ya pitaba la entrada de olas, así que se acercaba el momento de guardar las cintas express y sacar los chaques.

13) La aventura del Machu Picchu. Parte III . . . Por fin llegamos !!

Pipipipi, pipipipi, pipipipi, el despertador sonó a las 03:40 de la madrugada. Nos levantamos sin decir una sola palabra, la tensión se palpaba en el ambiente, queríamos ser los primeros en llegar al Machu Picchu y sabíamos que la tarea no era fácil. Nos vestimos, desayunamos sobre la mesa de noche un zumo, un yogur líquido, un sandwich y unas galletas. Seguíamos sin hablar, lo único que rompía el silencio eran las palabras "pásame el zumo". El desayuno acabó, nos colocamos los frontales y partimos a la aventura en plena noche.

Al salir al frío nocturno nos dimos cuenta en seguida que no eramos lo más madrugadores, y mucho menos los primeros en salir. Comenzamos a aumentar el ritmo para adelantar la tremenda hilera de luces que se veían delante de nosotros, no fue un ejercicio sencillo, los escalones que formaban la ruta eran capaces de destrozar al menisco más potente. Al principio saludábamos de buen rollo a todo el que adelantábamos, pero ante la ingente fila de gente se terminó por convertir en una verdadera carrera . . .  ya no saludábamos a nadie, hacíamos interiores en las curvas al más puro estilo Fernando Alonso, incluso tropezábamos con la gente en algunos tramos estrechos, bueno, estas típicas cuestiones competitivas que sólo Javi el Rana sabría apreciar. Aún así fuimos capaces de disfrutar entre jadeos de la belleza del camino.

La ascensión fue rápida y la sudada importante, pero el premio que nos esperaba era grande. Al llegar a un acceso en la parte superior vimos a un guarda ante una puerta. Observamos con la satisfacción del deber cumplido que eramos los primeros. Al acercarnos el guarda nos comunicó con cierta cara de perplejidad que esa puerta eran unos baños públicos y que el acceso era más arriba. Seguimos adelante con la moral un poco tocada, sobre todo al ver que ya habían tres personas en la puerta . . . "fuimos los cuartos" y ya eran las 05:15, pero lo peor es que tras este duro ascenso no pudimos entrar, la puerta no la habrían hasta las 06:00 de la manana. Tocaba esperar, aunque todavía con la duda de saber si podríamos entrar, ya que nuestro boleta tenía la fecha del día siguiente. Pero las dos peores cosas que nos pasaron fueron, primero, que a todos los que habíamos adelantado horas antes se fueron acumulando en la puerta, y segundo, que la ilusión de ver amanecer desde el pico del Huayna Picchu se desvaneció completamente.

Finalmente llegó la hora de entrar, y el primer comentario que le oímos al funcionario fue preguntar a su colega del control de acceso que día era, las pulsaciones de nuestro tocado corazón se aceleraron de forma estrepitosa, pero con la frialdad que nos caracteriza pusimos el dedo gordo en la fecha del boleto y mostramos nuestra clásica cara de seguridad . . . ESTÁBAMOS DENTRO . . .



La verdad es que cuando accedes al Machu Picchu se te olvidan de pronto todos los inconvenientes sufridos para llegar. La belleza del sitio, su inmensidad, la paz y la energía que transmite te dejan paralizado en la primera loma en la que los ojos ven por primera vez este mágico lugar. Los comentarios de las guías de viaje y de la gente dicen que se siente la energía, y creemos sinceramente que cada uno de nosotros lo vivió de manera diferente y especial. Fue una gran experiencia personal, las palabras sobran . . .

































Después de ver todo esto los tres convenimos de forma unánime que, sin duda, es por méritos propios, una de las 7 Maravillas del Mundo.



Pasamos varias horas disfrutando del momento, pero al ver que cada vez llegaba más gente, unas 2.500 CADA DÍA, decidimos poner fin a la aventura y regresar a Cusco. Volvimos a tomar el tren e hicimos una parada intermedia en Ollantaytambo, El Valle Sagrado, el emplazamiento en el que la población Inca adquirió gran relevancia en la zona.

 Las ruinas de este lugar también eran impresionantes, aunque después de ver el Machu Picchu todo se quedaba algo pequeno. A pesar de todo las sorpresas en esta tierra de sensaciones siempre estaban a la vuelta de la esquina. A las puertas del valle oíamos una especie de canción que sonaba como una letanía. Al acercarnos pudimos ver que se trataba de un arpero ciego. Nos quedamos mudos oyendo aquello, tenía algo que cautivaba . . . la mezcla de su mítica indumentaria, el tono de su voz y la destreza con el instrumento era conmovedor.

 

Con las mochilas cargadas de experiencias personales retomamos el camino en un bus colectivo, o lo que es lo mismo, una furgona pirata que nos bajó hasta el pueblo tras tres horas de carretera y adelantamientos al más puro estilo de la fórmula 1.

Llegamos rendidos al hostel, cenamos algo rápido y caímos en brazos de Morfeo. Aún así nos quedaba todo un día y medio en Cusco antes de partir hacia el centro del Perú, a Huaraz y sus famosas montañas, por lo que la noche siguiente decidimos darnos un respiro y tomar una buena cena y unas cervezas. De casualidad encontramos lo que a la postre sería uno de los mejores locales nocturnos que hayamos visto nunca. Se llamaba "The Frog", y se caracterizaba por un diseno espectacular, con varias salas y diferentes ambientes en cada habitación. En la entrada había un salón enorme en el que además de cenar podías disfrutar de actuaciones en directo. Nos tocó ese día una parejita de argentinos que tocaban boleros y tangos acompanados con una guitarra, a lo que nosotros anadimos unas partidas al juego tradicional de la rana, al billar y a los dardos que nos supieron a gloria . . . sencillamente inolvidable.

El día siguiente lo pasamos dando la última vuelta por Cusco, museos, iglesias, etc . . ., hasta que llegó la hora de vuelo de regreso a Lima. A partir de ahí un nuevo bus-cama durante toda la noche y amaneceríamos en Huaraz dispuestos a escalar las vías del Hatun Machay, veremos como llegamos de fuerzas . . .

12) La aventura del Machu Picchu. Parte II (Aguas Calientes)

Llegamos sin novedad al tren que nos conduciría hacia Aguas Calientes, el llamado “Vistadome” debido a su techo acristalado para poder disfrutar de las vistas del camino, además, está catalogado como el tren que hace el recorrido a la mayor altitud del mundo.

La llegada fue espectacular. Aguas Calientes es una especie de mini núcleo urbano situado en un lugar muy inaccesible y lejano que se nutre del turismo, aunque ubicado en un entorno con una vegetación increíble. Cruzamos uno de sus 4 puentes atravesando el Río Ucayali, pero la magia se acabó de forma repentina al enterarnos en el punto de información que toda la gestión de las visitas al Machu Picchu había cambiado hacía escasamente 15 días. Además, nuestro boleto aparecía con una fecha posterior a la salida del tren de regreso a Cusco y que nos aseguraron que no podríamos acceder antes bajo ningún concepto. Para mayor decepción nos recordaron que estabamos en pleno centenario del descubrimiento del valle y que habría muchísima gente.

Para intentar que nuestros nervios se fueran calmando de alguna manera decidimos ir al hostel a dejar las cosas y hacer algún trekking por los alrededores. La idea era cansarnos lo más posible para evitar el cabreo acumulado por las nuevas noticias y atacar la cima del Machu a primera hora de la madrugada siguiente pasara lo que pasara, por algo nos autodenominamos “extrem”.

Nos recomendaron para este primer día en Aguas Calientes una ascensión de baja dificultad pero de bonitas vistas, el pico ‘’Putucusi’’, así que sin mayor conocimiento sobre este destino nos enfundamos nuestro equipo técnico de pateo (playeras, pantalón corto, agua y galletas oreo)  y partimos con fe hacia lo desconocido saltándonos alguna que otra advertencia del camino.

A medida que ascendíamos se notaba la altitud pero nuestra voluntad era grande. La cosa se complicó cuando encontramos el acceso al pico. Al verlo pensamos que tenía dos formas de entrada, pero por más que buscamos no la vimos, hasta que unos chicos locales nos confirmaron que “sólo había única manera de llegar’’, y era subiendo por una especie de vía ferrata en la que no existía ninguna forma de autoprotegerse tal y como entendemos este concepto en Europa (aquí la gente subía sin arnés ni disipadora). Les dejamos las imágenes para que juzguen ustedes mismos. ¡¡ Ufff  !!  



A medida que ganábamos altura más nos sorprendía la belleza del lugar. Finalmente llegamos a cumbre con la idea de disfrutar el momento y el lugar, pero cual fue nuestra sorpresa cuando al girar nuestras miradas hacia el horizonte apareció frente a nosotros y sin esperarlo el mismísimo Machu Picchu. El instante que pasó desde que lo vimos hasta que nuestro cerebro asimiló lo que estábamos viendo fue mágico. Nos invadió una alegría instantánea, sencillamente no teníamos palabras . . .

Estuvimos disfrutando del entorno una media hora hasta que decidimos bajar a sabiendas que la ferrata se nos cruzaría nuevamente en el camino, pero ya no había vuelta atrás. Sólo quedaba llegar al pueblo de nuevo, cenar y brindar por lo vivido. Esa noche tocaba madrugar para intentar ser los primeros en acceder al Machu Picchu e intentar colarnos el día que no era.







Ya veremos como llegamos . . .