9 a.m., tras un refrigerio en la guagua-cama (refresco de guaraná y bollicao peruano), nos acercamos al pueblo deseado. Ojos pegajosos ..., calle polvorienta, bullicio, gente pa'rriba y pa'bajo, y en medio de toda esa voragine un motocar nos dice: "les llevo amigos, ok, que chévere". Y aunque no nos lo creíamos, en una moto partida en dos cubierta con una loneta cupo todo el equipaje y nosotros. Al que no se lo crea que mire la prueba videográfica.
A partir de ahora quedaba una dura tarea, que dirigida por Berto se convirtió en una tortura de dos días de negociaciones intensas, presiones, y faroles al más alto nivel, al estilo salvaje oeste. Buscar tablas para poder aprovechar la kilometrada de viaje que nos hemos pegado desde Gran Canaria. La cosa estuvo al límite, buscando en tiendas, preguntando a surferos locales, mirando las de tercera mano que no servían ni para planchar. Pero todo se nos derrumbaba ante el monopolio de un "shaper" local de tablas de surf conocido como Walter. Tan jodida estuvo la cosa que el perro chico no aguantó más y atacó hasta los infantes de las olas, ni los más pequeños se libraron del ataque feroz de nuestro "little rottweiler" particular.
Dado que la tarea resultaba intensa y duradera nos vimos obligados a repostar, y encontramos un garito que, desgraciadamente, se encontraba en una playa paradisiaca, con un sol perfecto, y debajo de una palmerita con cocos "de verdad", total, una pena de almuerzo.
Besitos a todos y seguiremos informando.




